El Club América atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. La crisis de resultados en este arranque del Clausura 2026 ha puesto a André Jardine en el ojo del huracán, con una afición molesta y un vestidor bajo presión máxima. Pero más allá de las tácticas o el estilo de juego, lo que realmente pesa en Coapa es la voz del dueño, y se ha revelado que su paciencia tiene un límite muy claro.
Mientras se debate si el equipo juega feo o bonito, ha salido a la luz una revelación que desnuda la verdadera filosofía de Emilio Azcárraga. Uno de los técnicos más ganadores en la historia reciente del club ha roto el silencio para contar una anécdota que hoy suena a advertencia para el brasileño: al “Patrón” no le importan las formas, le importa algo mucho más crudo.
La orden de Azcárraga a todos los entrenadores del América
Miguel Herrera, el último gran caudillo del banquillo azulcrema, destapó en una entrevista el nivel de exigencia que se vive en las oficinas de Televisa. El “Piojo” relató un tenso choque de opiniones con Azcárraga que define a la perfección lo que significa dirigir a las Águilas. Cuando Herrera intentó justificar su proyecto prometiendo estética, la respuesta fue brutal.
“Cuando me da la palabra yo digo: ‘Quiero un equipo que juegue bien’, no terminé de decir que juegue bien cuando pega en la mesa y dice: ‘No quiero que jueguen bien, güey, quiero que ganen, cabrón’”, confesó Herrera. Un manotazo que dejó claro que en el América, el espectáculo es secundario si no hay copas en la vitrina.
Esta revelación llega en el peor momento para Jardine. Si el brasileño sigue buscando el “Joga Bonito” sin conseguir los tres puntos, la historia de Herrera confirma que su tiempo podría estar contado. En el América, la orden de arriba es sagrada: ganar a cualquier costo, o irse.
