Desde que André Jardine tomó el mando del Club América en junio de 2023, la armonía entre la directiva y el banquillo parecía inquebrantable. Sin embargo, las grietas en esa relación han quedado expuestas en este inicio de 2026. En una decisión que ha tomado por sorpresa al estratega brasileño, el área de inteligencia deportiva ha decidido ejercer su poder por encima de las opiniones del cuerpo técnico, imponiendo una contratación que nadie en el vestidor solicitó, pero que todos deberán acatar de inmediato.
El calvario de las lesiones que mermó al equipo en el Apertura 2025 dejó una herida abierta en la cúpula azulcrema. Lejos de otorgar un voto de confianza total al equipo de trabajo de Jardine, la directiva ha optado por una medida drástica para intentar frenar la crisis física que vive el Nido. Esta maniobra no solo pone en duda la autonomía del entrenador más exitoso de los últimos años, sino que introduce un elemento externo en una zona crítica donde la confianza absoluta es la base del éxito.
Directiva impone un nuevo preparador físico a André Jardine
De acuerdo con información revelada por Víctor Díaz de ESPN, el nuevo integrante en Coapa es el estadounidense Sean Buckley. Con experiencia previa en otros equipos de la Liga MX y la MLS, Buckley aterriza en el Nido no como una sugerencia, sino como una imposición directa para ocupar el cargo de segundo preparador físico. Su llegada busca ser el antídoto ante la fragilidad que mostró el plantel el semestre pasado, donde las bajas constantes de piezas clave evitaron que el América volara a su máxima capacidad.
Lo que resulta verdaderamente extraño en la estructura de un club de élite es la coexistencia de dos visiones distintas en la preparación física. Buckley deberá trabajar codo a codo con Marcos Seixas, quien sí es hombre de absoluta confianza de André Jardine y llegó por su petición expresa. Tener a un profesional elegido por el técnico y a otro impuesto por los altos mandos genera una atmósfera de vigilancia constante que podría resultar contraproducente si las filosofías de entrenamiento chocan en el día a día.
El experimento de la directiva es una apuesta de alto riesgo. Si Sean Buckley logra erradicar la plaga de lesiones, la jugada de la inteligencia deportiva será vista como un acierto magistral; de lo contrario, solo habrá servido para fracturar la relación con un Jardine que cada vez ve más reducida su capacidad de decisión. El americanismo observa con cautela este movimiento, esperando que esta “invasión” al cuerpo técnico sea la solución definitiva y no el inicio de una crisis interna por el control del vestidor.
