A pesar de la época dorada y los títulos bajo el mando de André Jardine, no todo brilla en Coapa. Detrás del éxito deportivo se esconde una gestión de escritorio plagada de errores costosos y decisiones inexplicables que han sangrado las finanzas del club. Millones de pesos se han ido por el desagüe en futbolistas que llegaron con cartel de figuras y terminaron siendo fantasmas en el Nido.

La situación se volvió insostenible con un caso en particular: un jugador que pasó de promesa europea a ni siquiera ser inscrito en la Liga MX. Ante la imposibilidad de venderlo por su nulo rendimiento, a la directiva no le quedó más remedio que cortar por lo sano, asumir el fracaso y rescindir el contrato de quien ya es considerado uno de los peores refuerzos en la historia moderna del americanismo.

El adiós de los 50 millones de pesos tirados a la basura

A través de un escueto comunicado en redes sociales, el Club América confirmó la salida definitiva de Javairô Dilrosun. El neerlandés, que llegó presumiendo experiencia en Champions League con el Feyenoord, se marcha por la puerta de atrás un año antes de cumplir su vínculo, firmado hasta 2027. La rescisión anticipada es el triste epílogo de una novela de decepción absoluta.

El daño patrimonial es brutal. Se estima que Dilrosun cobraba cerca de 25 millones de pesos anuales. Al haber cobrado íntegro el 2024 y 2025 año en el que fue borrado y ni siquiera jugó el Apertura 2025, las Águilas habrían desperdiciado más de 50 millones de pesos en un activo que aportó cero en la cancha.

Este desastre lleva nombres y apellidos: Santiago Baños y Diego Ramírez. La presidencia y dirección deportiva fallaron en el scouteo y gestión, viéndose obligados a pagar una fortuna para deshacerse del problema. Dilrosun se va, pero la mancha de este error financiero y deportivo quedará en el historial de la directiva por mucho tiempo.