Las últimas semanas han sido una tormenta en Coapa que ha sacado a la luz los verdaderos engranajes del poder. Tras la abrupta salida de Diego Ramírez, un hombre clave en la gestión deportiva de los últimos cinco años, la afición descubrió que ni Santiago Baños ni Héctor González Iñárritu tienen la última palabra. La guerra interna que terminó con el despido del Director Deportivo no se resolvió en las canchas, sino en una oficina mucho más arriba.

Aunque Baños y compañía son la cara visible ante las cámaras, existe una figura que opera en el anonimato absoluto pero cuya firma pesa tanto como la del dueño. Es el hombre que realmente decide si se abren o cierran las arcas del club, y quien tiene la autoridad para “cortar cabezas” cuando la estabilidad de la institución está en riesgo.

¿Quién es el verdadero “jefe” que decide las salidas y los millones en Coapa?

Su nombre es Joaquín Balcárcel. Para el grueso de la afición es un desconocido, pero en los pasillos de Televisa y Ollamani es la ley. Abogado de profesión y con un perfil estrictamente corporativo, Balcárcel no es un hombre de futbol, sino de negocios y leyes. Es el Jefe de la Oficina de la Presidencia del Consejo y la mano derecha operativa de Emilio Azcárraga.

Su jerarquía es absoluta: para llegar a Azcárraga, primero hay que convencer a Balcárcel. Él es el filtro y el ejecutor. Si Santiago Baños quiere un fichaje costoso como el de Raphael Veiga, es Joaquín quien aprueba si las finanzas lo permiten. Él supervisa a Iñárritu y a Baños, convirtiéndose en el verdadero “filtro” del dueño ante los problemas operativos.

En la reciente crisis entre Jardine y la directiva, fue Balcárcel quien actuó como juez supremo. Su visión es pragmática: proteger el activo y cumplir los caprichos de éxito de Azcárraga. Hoy, el americanismo ya sabe que mientras los entrenadores y presidentes deportivos pasan, Joaquín Balcárcel es quien realmente sostiene las riendas del poder en el Nido.