La disputa comercial en torno al arrendamiento del remozado Coloso de Santa Úrsula ha dado un vuelco absoluto en los escritorios corporativos. Tras el intento de la directiva azulcrema por renegociar las condiciones originales del contrato, la escuadra visitante se negó a ceder y comenzó a gestionar sedes alternas fuera de la capital del país.
Ante el inminente riesgo de perder a su inquilino más rentable, la cúpula dueña del inmueble tuvo que dar marcha atrás a sus exigencias iniciales. En las últimas horas trascendió que el consorcio propietario buscó de urgencia a la contraparte para reactivar el pacto original, destapando una profunda necesidad presupuestal en el nido.
¿Por qué el América necesita que Cruz Azul juegue en su estadio?
De acuerdo con revelaciones del periodista Ignacio “Fantasma” Suárez, la administración del inmueble se vio forzada a ceder debido a que las proyecciones presupuestales no cuadraban sin los ingresos de la taquilla rival. El plan financiero requería reducir las pretensiones económicas con tal de asegurar la permanencia del club cementero en la capital.
Esta urgencia operativa está ligada directamente a los reportes de la Bolsa Mexicana de Valores, donde se expone que Grupo Ollamani arrastra una deuda superior a los 2,200 millones de pesos por la remodelación de la justa mundialista. Cumplir con los plazos de amortización bancaria fijados para el año 2037 resultaba inviable manteniendo el recinto sin actividad quincenal.
La localía compartida con Cruz Azul inyectará una liquidez indispensable para mitigar el balance fiscal negativo que hoy condiciona el mercado de laLiga MX. La directiva del Club América entendió que la rivalidad deportiva debe quedar al margen cuando la viabilidad económica y el pago de créditos corporativos están en juego.
