Diego Ramírez ha dejado de ser la sombra silenciosa de Santiago Baños para convertirse en el protagonista de la crisis interna en Coapa. Aunque durante años operó desde el anonimato, su creciente poder ante la posible reestructuración directiva lo ha puesto bajo los reflectores, y no precisamente por buenas razones. Las diferencias sobre los fichajes eran un secreto a voces, pero se ha revelado que el verdadero quiebre con André Jardine nació de una decisión autoritaria que el brasileño consideró una falta de respeto a su trabajo.
La relación está en un punto crítico y las razones van más allá de los resultados en la cancha. Lo que ha detonado la bomba en el vestidor es una acción específica de la dirección deportiva que cruzó la línea sagrada del cuerpo técnico. No fue una sugerencia, fue una orden ejecutiva que André Jardine tuvo que tragarse y que hoy tiene el ambiente en el Nido cortándose con cuchillo.
El “intruso” que la directiva obligó a aceptar al cuerpo técnico
Según reveló Gustavo Mendoza en Fox Sports, la ruptura es real y tiene nombre y apellido. La directiva, encabezada por Ramírez, decidió actuar de manera unilateral ante la plaga de lesiones que azotó al equipo en 2025. Sin consultar al estratega, impusieron la contratación de un nuevo integrante para el staff, cuestionando implícitamente la capacidad del equipo de confianza de Jardine.
Se trata de Sean Buckley, preparador físico estadounidense que llegó para “sumar”, pero cuya presencia fue vista como una intromisión directa. Buckley fue colocado a trabajar a la par de Marcos Seixas, el preparador físico que André Jardine trajo personalmente desde Brasil y en quien confía ciegamente. Esta duplicidad de funciones no fue solicitada y generó una incomodidad inmediata en el día a día.
Para el estratega brasileño, esta imposición fue la gota que derramó el vaso. Consideran que la dirección deportiva invadió su autonomía y desautorizó a su gente de confianza. Esta grieta, sumada a la falta de refuerzos solicitados, ha vuelto la relación con Diego Ramírez prácticamente irreparable, dejando al club dividido en dos bandos justo cuando más se necesita unidad.
