Las últimas horas en el Club América han sido un auténtico calvario. No se trata solo de la falta de victorias o la sequía de goles; el problema real se gesta en las oficinas, donde las “reuniones de emergencia” han servido para enmascarar una guerra civil. Mientras públicamente se habla de cerrar filas, las filtraciones desde el interior revelan que la estructura deportiva se está cayendo a pedazos y la lealtad ha desaparecido.
El vestidor roto es un problema menor comparado con lo que sucede arriba. La relación entre la dirección deportiva y el cuerpo técnico ha llegado a un punto de no retorno. La tensión es tan alta que, lejos de buscar soluciones conjuntas, una figura clave de la directiva ya ha activado el “Plan de Emergencia” y ha comenzado a moverse en el mercado para cortar la cabeza del proyecto actual.
El “Plan B” en marcha: Buscan reemplazo de Jardine
La bomba la soltó Gustavo Mendoza en Fox Sports. Según el periodista, la relación entre Diego Ramírez, director deportivo, y André Jardine está “completamente rota”. Las fricciones han sido constantes y el diálogo es inexistente. Ante este escenario, Ramírez no ha perdido el tiempo y, según el reporte, ya está analizando activamente alternativas y perfiles para traer a un nuevo entrenador al Nido a corto plazo.
Este movimiento cobra mayor relevancia ante la inminente sacudida en la presidencia. Con la probable salida de Santiago Baños, Diego Ramírez se perfila para asumir el control total de las decisiones deportivas. Su primera gran maniobra de poder sería, irónicamente, despedir al estratega que le dio al club sus glorias más recientes para imponer a alguien de su total confianza.
La situación es crítica: mientras Jardine intenta levantar al equipo en la cancha, en los despachos ya le están buscando sustituto. La era del brasileño parece tener los días contados, no solo por los resultados, sino porque su jefe directo ya decidió que su ciclo terminó.
