El Clausura 2026 se le está atragantando al Club América. Dos jornadas, cero victorias y, lo más alarmante, sin un solo gol anotado. Pero el dato frío se queda corto: el equipo dejó una imagen preocupante al verse superado por rivales como Tijuana y Atlético de San Luis, equipos que no son potencia en la Liga MX y aun así le ganaron el duelo en intensidad y funcionamiento.
Con ese arranque, la presión se volcó sobre André Jardine. Ya no se trata únicamente de decisiones dentro de la cancha: en el americanismo empezó a crecer una crítica más incómoda, una que apunta a su postura fuera del campo y que, según varios, podría convertirse en el factor que acelere el final de su etapa.
La pasividad que encendió el debate en el americanismo
En un análisis compartido por el periodista César Luis Merlo, se abrió una conversación que explotó en redes: muchos aficionados consideran que Jardine ha exigido poco a la directiva para sostener un proyecto competitivo como el que recibió cuando llegó en 2023, y que con el tiempo el plantel se ha ido debilitando.
El América ya prepara la Jornada 3 ante Pachuca, un rival que históricamente complica en serio a Coapa. Y mientras el calendario aprieta, la directiva solo ha sumado un refuerzo de impacto: Rodrigo Dourado. Los movimientos de Fernando Tapia y Aarón Mejía se entienden como complementos, no como piezas llamadas a cambiar el once titular.
El punto de quiebre es el ataque. El club aún busca un refuerzo ofensivo y el torneo ya está caminando. Por eso la pregunta es inevitable: ¿por qué Jardine no da el manotazo en la mesa? En un entorno donde los resultados mandan, la “calma” puede interpretarse como falta de control, y ahí es donde una crisis deportiva se convierte, también, en crisis de liderazgo.
