El América vive horas de auténtica tensión. No ganar y, peor aún, no anotar un solo gol en el arranque del Clausura 2026 ha encendido todas las alarmas en Coapa. Aunque la imagen pública fue una reunión de “unidad” entre Emilio Azcárraga, Santiago Baños y André Jardine en un restaurante de la CDMX, la realidad puertas adentro es mucho más fría y calculadora. La crisis de resultados ha fracturado la confianza y el crédito se agota.

Lo que antes parecía un feudo inamovible hoy tiembla. Han trascendido roces fuertes entre el cuerpo técnico de Jardine y la dirección deportiva, pero el verdadero terremoto viene de más arriba. La estructura del club ha cambiado y, con la entrada de nuevos capitales, las “vacas sagradas” de la directiva han perdido su inmunidad histórica. Ya no basta con ser hombre de confianza del patrón; ahora hay que rendir cuentas a socios internacionales.

La dirección deportiva del América se tambalea con los nuevos inversionistas

Según reporta el periodista Jonatan Peña, la era de la “beca vitalicia” para Santiago Baños está en riesgo crítico. Anteriormente, bajo el mando único de Grupo Ollamani, su puesto estaba garantizado. Sin embargo, con la venta del 49% del equipo al fondo General Atlantic, las reglas cambiaron drásticamente. Los inversores aceptaron su continuidad al inicio, pero bajo una condición estricta: resultados inmediatos o despido.

Tanto Baños como su mano derecha, Diego Ramírez, están bajo una auditoría deportiva constante durante este torneo. No hay garantías más allá de este semestre. Si el equipo no levanta el vuelo y corrige el rumbo en el Clausura 2026, la mesa directiva, impulsada por los nuevos socios, ejecutará cambios estructurales profundos.

El mensaje es claro y contundente: nadie está seguro. Por primera vez en años, la continuidad de la cúpula directiva depende 100% de lo que pase en la cancha. Se acabó la paciencia y el próximo verano podría marcar el fin de la gestión de Baños si no logra convencer a quienes ahora también ponen el dinero en la institución.