Finalmente llegó el día que paralizó al fútbol mexicano: la reapertura del Estadio Azteca Banorte. El Coloso de Santa Úrsula lució sus nuevas galas para recibir a la poderosa Portugal, pero todas las miradas estaban puestas en un solo hombre. El debut de Álvaro Fidalgo con la Selección Mexicana no era un estreno cualquiera; era la prueba de fuego para el naturalizado que se ganó el corazón del americanismo y que ahora buscaba convencer al estratega más veterano del país.

La expectativa era máxima y el “Maguito” no decepcionó al saltar como titular ante las figuras europeas. Sin embargo, lo que realmente ha generado un terremoto mediático no fue solo su desempeño en el campo, sino lo que sucedió en la intimidad de la rueda de prensa posterior. Javier “Vasco” Aguirre rompió el silencio sobre el ex capitán de las Águilas y sus palabras han dejado una señal clara sobre el futuro del mediocampo nacional de cara al 2026.

¿Qué fue lo que más impresionó al Vasco Aguirre del debut de Fidalgo?

Tras el intenso empate sin goles en el renovado Azteca, Javier Aguirre fue cuestionado inevitablemente sobre la actuación de Álvaro Fidalgo. El experimentado entrenador, conocido por su mano dura, sorprendió a todos con un tono de admiración pocas veces visto. Aguirre destacó la madurez con la que el ex azulcrema asumió el reto de enfrentar a una potencia mundial sin que le pesara la camiseta verde ni la presión de la localía.

“Me gustó, me gustó su personalidad para pedir la pelota, él hace buenas conducciones hacia adelante, no pierde un balón”, sentenció el seleccionador. Para Aguirre, lo más rescatable fue la velocidad con la que el actual jugador del Real Betis entendió el sistema: “Yo creo que Álvaro se integró rápidamente, es uno más de este grupo y sí, sí me gustó”, añadió el técnico ante los medios de comunicación.

Estas declaraciones confirman lo que en Coapa siempre se supo: la jerarquía de Fidalgo trasciende clubes. Al asegurar que “no pierde un balón”, Aguirre le otorga el estatus de pieza inamovible para el proceso mundialista. El americanismo celebra este éxito como propio, pues el liderazgo que forjó en el tricampeonato histórico hoy se convierte en la base de una Selección que, de la mano de un ex capitán águila, por fin parece tener rumbo y personalidad.