La remodelación del Estadio Azteca Banorte, casa del Club América, ha estado sumida en la controversia desde que las obras arrancaron con un retraso considerable en junio de 2024. Debido a la falta de tiempo para cumplir con los compromisos internacionales, se tuvieron que sacrificar proyectos de infraestructura que eran pilares del diseño original, generando serias dudas sobre si el Coloso de Santa Úrsula realmente recuperará su brillo histórico.
El inmueble abrió sus puertas nuevamente el pasado 28 de marzo para un encuentro internacional, pero bajo la advertencia de que los trabajos seguían en curso y lejos de estar concluidos. Lo que nadie esperaba es que, a medida que se acerca la gran cita mundialista de 2026, surgieran evidencias que cuestionan la calidad de los acabados y ponen en duda si la seguridad de los aficionados es la prioridad en esta apresurada entrega.
¿Estadio de nivel europeo o una obra incompleta que se cae a trozos?
La indignación estalló en redes sociales cuando un aficionado, en la previa del duelo de Liguilla ante Pumas, mostró la fragilidad de las “nuevas” instalaciones. Lo que comenzó como un comentario irónico sobre el supuesto “nivel europeo” del recinto terminó en una denuncia visual preocupante: el usuario logró levantar, sin esfuerzo, un pedazo de concreto desprendido de la zona de butacas, evidenciando fallas estructurales estéticas que nadie esperaba ver en una obra de esta magnitud.
Esta situación deja claro que las prisas por entregar la remodelación han pasado factura a la calidad del Coloso de Santa Úrsula. Mientras la promesa inicial aseguraba que el Estadio Azteca Banorte volvería a ser el mejor estadio de México, la realidad que enfrentan los seguidores americanistas en las gradas dista mucho de la modernidad y el confort que se proyectaba en los renders originales.
El panorama para el cierre de 2026 es incierto, ya que se especula que las obras podrían continuar incluso después de la Copa del Mundo para intentar subsanar estas deficiencias. Para el americanismo, ver su templo en estas condiciones es un golpe al orgullo, pues ni la fachada ni el interior parecen cumplir con las expectativas de excelencia que exige la historia del club más grande de México.
