El Club América no pudo sostener la ventaja ante Cruz Azul y terminó empatando 1-1 en un partido que dejó frustración por el resultado, pero también una sensación distinta en varios tramos del encuentro. El gol de Patricio Salas había puesto al equipo de André Jardine por delante, aunque la reacción celeste terminó por borrar el festejo en el regreso azulcrema al Estadio Banorte.
Más allá del marcador, hubo un detalle que empezó a mover el debate entre el americanismo: por momentos, el mediocampo del América volvió a tener dinamismo, presión y asociaciones cortas que recordaron a la versión más dominante del equipo. Y lo más llamativo es que esa sensación apareció sin que Raphael Veiga, fichaje estelar del torneo, cargara con el protagonismo esperado.
La clase que dio el medio campo del América contra Cruz Azul
Durante el clásico, América dejó pasajes en los que logró imponer ritmo desde la mitad de la cancha, con una circulación más ágil y una recuperación más agresiva. Ahí apareció una idea que empieza a tomar fuerza: quizá el equipo encuentra un equilibrio más natural cuando junta perfiles de mayor recorrido, mejor juego corto y más lectura colectiva entre líneas.
Ese debate crece todavía más por el tipo de futbolista que es Raphael Veiga. Desde su llegada fue presentado como el refuerzo creativo y diferencial, un jugador más relacionado con el último pase, la pegada y la generación ofensiva que con una estructura de posesión tan asociativa.
Por eso, la pregunta ya no es si Veiga tiene calidad, porque la tiene. La verdadera duda es otra: si en este momento del semestre, con el América obligado a recuperar control y solidez, Jardine debe priorizar al mediocampo que mejor conecta entre sí, aunque eso implique dejar fuera al nombre más ruidoso.
