Fue un monólogo rojiblanco que dolió en el alma del americanismo. El Clásico Nacional exhibió a un Club América superado en cada línea, incapaz de competirle al Guadalajara. El equipo de André Jardine no tuvo respuesta, y si el marcador no terminó en un escándalo mayúsculo, fue únicamente por la intervención divina de su guardameta.

En una noche para el olvido, Luis Ángel Malagón se alzó como la única figura digna del escudo. Cuando la defensa hacía agua y el rival se relamía los bigotes para clavar la estocada final, el portero azulcrema apareció para evitar la catástrofe, silenciando de paso una de las críticas más recurrentes que sus detractores usan en su contra.

Malagón evitó una tragedia mayor en Zapopan

Corría el minuto 68 y el pánico se apoderó de la zaga águila. Un trazo largo del Rebaño rompió las líneas y dejó a Armando González con ventaja y velocidad plena en un mano a mano letal. La grada ya cantaba el segundo gol, pero Malagón decidió reescribir su propia historia.

Contrario a la etiqueta de ser un portero “que no sabe jugar su área”, Luis Ángel Malagón leyó la jugada con una valentía inusual. Abandonó la seguridad de la línea de cal, achicó metros decisivos y aguantó el disparo de González para ganar el duelo individual. Una atajada monumental que no solo evitó el 2-0, sino que maquilló un resultado que pudo ser trágico.

Malagón fue la única luz en la oscuridad de Zapopan. Aunque los tres puntos se quedaron en casa del rival, la actuación del arquero evitó que la derrota se convirtiera en una humillación imborrable, demostrando que, hoy por hoy, es el único que mantiene el nivel de bicampeón en una plantilla que ha perdido la memoria.