El futbol tiene máximas crueles que no perdonan, y el América acaba de sufrirlas en carne propia en el escenario más hostil posible. En un Clásico Nacional donde las Águilas llegaban como víctimas por las lesiones y el favoritismo rojiblanco, el equipo de André Jardine tuvo en sus manos la bala de plata para silenciar el Estadio Akron y cambiar la historia del primer tiempo.

Sometidos por el dominio territorial de Chivas, los azulcremas resistieron esperando una sola oportunidad, y esa llegó. Fue un contragolpe de manual que dejó el escenario servido para romper el cero, pero la definición se transformó en una pesadilla que, minutos después, cobraría la factura más cara posible antes del descanso.

El fallo de Dávila que le costó la ventaja al América

Corría el minuto 39 cuando el guion del partido pudo reescribirse. Una jugada tejida por izquierda dejó a Víctor Dávila con ventaja para entrar al área. Sin embargo, lo que pedía una definición de crack terminó en un control defectuoso. El chileno perdió un tiempo vital, permitió que la zaga lo incomodara y entregó un disparo “masticado” a las manos del Tala Rangel.

La jugada tuvo tintes dramáticos, pues todo el estadio reclamó una mano previa de Dávila que el árbitro dejó correr. La polémica arbitral le sonreía al América, pero el delantero no supo capitalizar el “regalo”. Perdonar al acérrimo rival en su casa es un pecado capital, y la penitencia llegó de inmediato.

Apenas dos minutos después del fallo grosero, la defensa azulcrema no pudo contener el embate final y Armando González puso el 1-0. De la posibilidad de irse ganando y con la moral por las nubes, el América se fue al vestidor abajo en el marcador y con la sensación de haber tirado a la basura el momento que definía el partido.