Una de las más grandes virtudes que catapultó a André Jardine en el banquillo del Club América fue su imponente paso inicial. Durante su primer torneo, el brasileño logró una hazaña reservada para muy pocos en la historia azulcrema: humilló a Chivas, Pumas y Cruz Azul en la fase regular, forjando un prestigio inquebrantable y encaminando al equipo hacia esa época dorada donde fuimos tricampeones.
Sin embargo, aquel estratega invencible que dominaba los partidos de máximo orgullo, eliminando al Guadalajara o ganándole finales a La Máquina, parece haberse esfumado. Hoy, la realidad golpea duro al americanismo, pues salir con los brazos en alto de un Clásico se ha convertido en una auténtica pesadilla que agrava la crisis actual.
¿Por qué Jardine pasó de ganarlo todo a hundirse en los Clásicos del América?
Lo que en un principio representaba la mayor fortaleza de nuestro entrenador, hoy es sin duda su punto más frágil. Los duelos de jerarquía, mano a mano ante los rivales históricos, se le han indigestado de forma dramática al timonel sudamericano, perdiendo la brújula táctica en los encuentros que más le importan a nuestra siempre exigente afición.
Las frías matemáticas reflejan una caída brutal en su efectividad. El Club América actual apenas ha podido ganar uno de los últimos seis Clásicos Jóvenes ante Cruz Azul; registra solo una solitaria victoria en los recientes cinco Clásicos Nacionales ante Chivas y, tras el reciente descalabro, suma apenas dos triunfos en sus últimos cinco choques frente a Pumas.
Mermado por un plantel que ha bajado considerablemente su calidad y castigado por ausencias, Jardine se ha quedado sin soluciones de peso en el banquillo. Perder estos duelos tan decisivos mancha severamente la imagen de cualquier técnico en Coapa, dejándolo sin margen de error y obligándolo a recuperar su esencia ganadora de inmediato.
