La afición azulcrema contaba las horas para que llegara este momento. Después de que André Jardine confirmara en conferencia de prensa que por fin veríamos desde el silbatazo inicial a nuestro flamante refuerzo brasileño, el Estadio Cuauhtémoc se convirtió en un escenario de altísima tensión y expectativa monumental para el duelo frente al Puebla.
La presión sobre los hombros del mediocampista sudamericano era inmensa. Llegó a las instalaciones de Coapa con la pesada etiqueta de figura absoluta y la exigencia inmediata de rendir en la institución más grande de México. Debía demostrar, desde el minuto uno, que tiene la sangre necesaria para no decepcionar a una grada que siempre demanda excelencia.
Raphael Veiga se estrena como goleador del América
A lo largo de toda la primera mitad, el conjunto americanista fue infinitamente superior a La Franja, generando opciones claras e incluso sufriendo la injusticia de un evidente penal no sancionado sobre Henry Martín. Sin embargo, justo cuando el final de los primeros 45 minutos asomaba, la magia se hizo presente gracias a una combinación letal.
Isaías Violante, aprovechando con hambre la oportunidad que le brindó el cuerpo técnico, orquestó una tremenda jugada individual por la banda. El ex elemento escarlata destrozó a la zaga poblana quitándose a tres marcadores con regates de fantasía y metió un centro venenoso, medido y directo al corazón del área chica.
Ahí estaba él, con un instinto impecable. Raphael Veiga leyó la jugada a la perfección, se anticipó a la salida del arquero y conectó un poderoso cabezazo para mandar el balón al fondo de las redes. Su primera titularidad y su primer festejo como águila reafirman por qué la rompió en la Libertadores, elevando la esperanza de verlo convertido en el próximo gran ídolo del tricampeón.
