El americanismo llegó al Estadio Cuauhtémoc con la urgencia absoluta de lavar la dolorosa imagen dejada en el Clásico Nacional ante el Guadalajara. A la obligación innegociable de ganar y gustar, se le sumó la presión extrema de sumar minutos vitales para la Regla de Menores, una tabla donde las Águilas arrastran un preocupante último lugar que amenaza con fuertes castigos.
Con la soga al cuello, André Jardine decidió apostar sus fichas por un canterano que él mismo hizo debutar en el primer equipo. Justo cuando los fantasmas de una nueva catástrofe acechaban desde el silbatazo inicial, esta joven promesa apareció para darle oxígeno puro a la institución y demostrar que la camiseta azulcrema no le pesa.
Milagrosa intervención de Vázquez para evitar el gol
Apenas corría el minuto 13 del encuentro cuando el Puebla tejió una jugada letal que hizo colapsar a la zaga visitante. Israel Reyes fue superado en su marca y Luis Ángel Malagón quedó totalmente vencido, dejando el arco completamente desprotegido frente a Esteban Lozano, el delantero prestado a La Franja que no dudó en jalar el gatillo.
Cuando el estadio entero cantaba el primero de los locales y la tragedia se asomaba para las Águilas, Miguel Vázquez emergió de la nada. Con una barrida heroica y providencial sobre la línea de cal, el zaguero logró bloquear el disparo de Lozano de forma milagrosa, ahogando el grito de gol y salvando al equipo de un golpe anímico tempranero.
Esta tremenda salvada no solo mantuvo con vida al América en su momento de mayor vulnerabilidad, sino que reafirmó el rotundo acierto del cuerpo técnico. Vázquez demostró que no es una simple pieza para cumplir un requisito federativo; es un central férreo, sumamente competitivo y con la sangre ganadora que hoy tanto urge en Coapa.
