El duelo entre el Club América y Santos Laguna, que en el papel parecía un trámite sencillo ante el último lugar de la tabla, se transformó en una auténtica pesadilla para los dirigidos por André Jardine. Las Águilas no solo exhibieron carencias futbolísticas alarmantes que preocupan a la afición, sino que se toparon con un factor externo que encendió la furia en el Nido: decisiones arbitrales que parecen llevar dedicatoria.

En un encuentro donde el juego fluido brilló por su ausencia, el arbitraje se convirtió en el protagonista no deseado, condicionando el desarrollo del partido en momentos críticos. El americanismo, siempre exigente, no tardó en levantar la voz ante lo que consideran un manejo tendencioso de las acciones, cuestionando si la crisis del equipo se agrava por errores propios o por una mano negra en el silbato.

Tremendo pisotón a Dourado que debió ser roja

La tensión explotó cerca del minuto 52, cuando Fernando Hernández, un árbitro con un historial polémico frente al América, quedó en el ojo del huracán. En una jugada dividida, el delantero lagunero Lucas Di Yorio perdió el control del balón y, en un intento desesperado por recuperarlo, terminó propinando un pisotón brutal sobre Rodrigo Dourado. La acción, que dejó al mediocampista azulcrema tendido, parecía una tarjeta roja de manual para cualquier espectador.

Sorprendentemente, Hernández decidió dejar pasar la jugada sin sancionar la expulsión y, para aumentar la indignación, el VAR brilló por su ausencia al no llamar al colegiado para revisar la gravedad del contacto. Esta omisión dejó al América en desventaja táctica, pues jugar con un hombre más durante casi todo el segundo tiempo habría cambiado radicalmente el guion de un partido que se le estaba complicando de más a Jardine.

La falta de criterio unificado en el arbitraje mexicano vuelve a golpear al club más grande, desatando teorías de conspiración y un profundo malestar en la directiva. Esta decisión no solo afectó el marcador inmediato, sino que deja un precedente peligroso de cara al cierre del torneo. El americanismo tiene claro que, aunque el nivel de juego debe mejorar, el club no puede permitir que el trabajo de toda una semana se pierda por una omisión tecnológica y arbitral tan evidente.