La crisis de resultados en el Club América ha dejado de ser una simple mala racha para convertirse en una tormenta perfecta. Tras un 2025 en blanco y un arranque del Clausura 2026 sin victorias ni goles, las alarmas en Coapa suenan más fuerte que nunca. No solo es la falta de puntos; es la sensación de desconexión total en la cancha lo que ha generado rumores sobre fricciones irreparables entre la directiva, el cuerpo técnico y los jugadores.
Sin embargo, lo que eran murmullos de pasillo ahora toma fuerza con la declaración de alguien que conoce las entrañas del club. No lo dice un externo, lo dice un exjugador que defendió la camiseta azulcrema durante seis años y sabe detectar cuando el ambiente se ha podrido. Sus palabras confirman lo que muchos temían: la unión del bicampeonato parece haber desaparecido por completo.
¿Se le acabó la credibilidad al discurso de André Jardine?
Juan Carlos “Topo” Valenzuela, voz autorizada del americanismo y hoy analista en Fox Sports, no se guardó nada en el programa “Los Especialistas”. El ex defensor central fue contundente al analizar el lenguaje corporal del equipo, asegurando que la falta de intensidad en el terreno de juego no es casualidad, sino el síntoma inequívoco de una ruptura interna entre el plantel y el entrenador brasileño.
“La intensidad que muestra América deja entrever que hay cierta separación, hay problemas internos con el técnico”, sentenció Valenzuela. Según su lectura, el problema raíz es que el discurso de André Jardine ha perdido vigencia y peso frente al grupo. Cuando el futbolista deja de creer ciegamente en la palabra de su líder, la estrategia se desmorona, y eso es exactamente lo que se refleja en las primeras jornadas del torneo.
Esta revelación es devastadora para el proyecto actual. Valenzuela subraya que, más allá del marcador, son “las formas” las que delatan la crisis. Si el diagnóstico del “Topo” es correcto, Jardine enfrenta el desafío más grande de su gestión: recuperar un vestidor que, según las leyendas del club, ya no está dispuesto a meter las manos al fuego por él.
