La derrota en el Clásico Nacional no fue un tropiezo cualquiera; fue un golpe directo al mentón del proyecto de André Jardine. Con el equipo hundido en una crisis de resultados y mostrando su versión más gris en años, las alarmas se encendieron de inmediato. Cuando los resultados no llegan, los rumores aparecen, y esta semana la versión de una ruptura interna en el vestidor azulcrema ha cobrado fuerza preocupante.

La imagen de impotencia mostrada ante Chivas hizo pensar a muchos que los jugadores le habían “tendido la cama” al técnico o que la relación estaba desgastada. La afición exige respuestas: ¿El grupo sigue unido o estamos ante el fin de una era dorada por conflictos de ego? La realidad ha salido a la luz y es más compleja de lo que parece.

¿Guerra civil o calentura deportiva? Lo que pasa puertas adentro

Según reveló Carlos Ponce de León, director de Récord, la situación en Coapa es delicada. Sí existen fricciones. Negar la tensión sería mentir. La molestia es palpable entre los líderes y el cuerpo técnico, pero la fuente aclara un matiz vital: no hay una ruptura total, sino una profunda “inconformidad” por las formas en las que se está perdiendo.

El vestidor no está dividido en bandos enemigos, pero sí está “caliente”. Los jugadores no están satisfechos con el funcionamiento táctico y la falta de respuesta en la cancha. Esa frustración ha generado roces, gritos y caras largas, algo natural en un equipo con el ADN ganador del América cuando se ve superado por el acérrimo rival.

A pesar de las turbulencias, el reporte indica que la disposición para trabajar sigue intacta. El grupo ha decidido cerrar filas para salir del bache. La “bronca” interna existe, pero el objetivo es canalizarla para despertar al gigante, antes de que esas fricciones se conviertan en grietas irreparables que cuesten la temporada.