En Coapa se mueven las piezas y todo apunta a que el América está a horas de anunciar a su primer refuerzo para el Clausura 2026. El nombre es Rodrigo Dourado, y dentro del club hay una lectura clara: no llega como apuesta ni como proyecto, llega con una ventaja que pocos refuerzos tienen al aterrizar.
No es un fichaje de impacto mediático, pero sí uno de máxima confianza interna. En un contexto donde América necesita recuperar control, orden y equilibrio desde el centro del campo, la directiva decidió ir a lo seguro: un futbolista que el cuerpo técnico conoce de memoria y que no necesita adaptación.
¿Por qué Dourado tiene ventaja sobre cualquiera?
La clave está en el vínculo directo con André Jardine. Dourado no solo trabajó con él en el Atlético de San Luis, también fue parte de su proceso en la Selección Olímpica de Brasil. Años compartiendo entrenamientos, conceptos y automatismos que hoy pesan más que cualquier currículum.
América llevaba meses buscando un mediocentro que recuperara sin rifar la pelota. La baja de rendimiento de Jonathan dos Santos dejó un vacío que ni Alan Cervantes ni Alexis Gutiérrez lograron llenar. El equipo perdió equilibrio y se partió con facilidad en partidos clave.
Ahí es donde Dourado encaja con precisión quirúrgica. Sabe exactamente qué pide Jardine: cuándo saltar, cuándo sostener, cómo perfilarse para dar salida limpia y cómo cerrar espacios sin desordenar al equipo. No llega a aprender, llega a ejecutar.
Además, el timing juega a su favor. Si se confirma ahora, se integra desde el primer día al plan del Clausura 2026, no como parche ni solución de emergencia. Eso cambia jerarquías y acelera decisiones: todo apunta a que será titular desde la Jornada 1.
