La reinauguración del Estadio Azteca Banorte prometía ser una fiesta total, aunque el empate sin goles entre México y Portugal dejó un sabor agridulce en lo futbolístico. Sin embargo, para el americanismo, el resultado pasó a segundo plano ante el evento que marcará un antes y un después en este proceso mundialista: el debut de su eterno ex capitán, Álvaro Fidalgo, portando finalmente la camiseta del Tricolor.
El “Maguito”, ahora naturalizado, fue la gran sorpresa de Javier Aguirre al saltar como titular en su primer partido disponible. Mientras muchos especialistas especulaban sobre si la presión de enfrentar a los lusos en un inmueble recién remodelado doblegaría al mediocampista, la realidad fue un golpe de autoridad. Fidalgo no solo regresó a la casa que conoce de memoria, sino que lo hizo con una actitud que pocos se atreven a mostrar en su estreno internacional.
Fidalgo derrocha confianza en su calentamiento antes de debutar
A través de redes sociales, el medio TUDN compartió imágenes exclusivas que capturaron la esencia pura del ex azulcrema segundos antes del silbatazo inicial. Lejos de mostrar nerviosismo o la rigidez de un debutante, Fidalgo se exhibió realizando toques de balón y regates de fantasía con una calma que rayaba en lo desafiante. Esa conexión íntima con la pelota, ignorando el entorno ensordecedor del Azteca Banorte, delató una confianza incuestionable en su propia jerarquía.
Estas imágenes no hicieron más que confirmar por qué el Vasco Aguirre confió en él desde el minuto uno. Mientras otros jugadores se mantenían tensos por el calibre del rival, el actual volante del Real Betis se movía con la soltura de quien está en el patio de su casa. Ese derroche de seguridad previa se trasladó al campo, donde no desentonó en absoluto, manejando los hilos de un mediocampo que por fin parece tener un cerebro con ADN de campeón.
La actuación y el temple de Fidalgo dejan una reflexión profunda para el resto de los seleccionados: la camiseta nacional no pesa cuando se tiene la escuela de Coapa respaldando cada movimiento. Con el Mundial 2026 en el horizonte, este “trance” del Maguito en el calentamiento es la prueba de que México ha encontrado a un líder que no conoce el miedo, devolviéndole al americanismo el orgullo de ver a uno de los suyos mandar en la cancha más sagrada del país.
