La historia de América se ha construido en cierta medida con hazañas y gestas que quedan para la posteridad en el recuerdo de sus hinchas y de alguna forma menos grata, en la memoria de los que no comulgan con los colores azulcremas. Las remontadas se convirtieron en parte de la identidad de la institución.

En ese sentido, una de las volteretas más recordadas de la época reciente tuvo lugar un día como hoy, pero de hace cinco años. El 10 de septiembre del año 2016, las Águilas visitaron el entonces llamado Estadio Azul para jugar el Clásico Joven con los Cementeros. La carga de presión era importante sobre Ignacio Ambriz tras haber perdido una jornada antes el Clásico Nacional como local.

 

Las cosas no pintaban bien para los de Coapa. Antes de irse al descanso lo perdían 3-0 con dos goles de Christian Giménez y uno más del Gato Silva por la vía del penalti. Parecía que sería una nueva tarde de tragedia para los cremas en pleno año del Centenario de su fundación, pero no fue así.

Antes de salir al segundo tiempo, Osvaldo Martínez dejó una frase para la posteridad; “les hacemos un gol y se cagan”, dijo el mediocampista paraguayo en el túnel previo a regresar a la cancha. Para el complemento, los azulcremas salieron con bríos renovados y de a poco fraguaron la gesta.

 

 

Aldo Leao dejó a La Maquina con un hombre menos tras una dura entrada sobre Javier Güémez. En la jugada posterior vino el tiro libre en el que Oribe Peralta se estiró dentro del área para conectar con la pelota, cambiarle la dirección y hacerla entrar lento, con dramatismo, pero al fondo del arco azul.

A falta de poco más de 15 minutos para el tiempo cumplido, las Águilas no conseguían recortar distancias y la reacción se veía lejana, pero justo en ese momento, Silvio Romero reavivó la esperanza con un gran remate de cabeza precedido de un centro medido de Renato Ibarra para ponerle dramatismo al cierre del juego.

 

Cuando el cronómetro llegaba al límite, Rubens Sambueza se sacó de la manga un servicio preciso, justo a donde Pablo Aguilar cerró la pinza con un cabezazo bien colocado al que Jesús Corona trató de llegar, pero al final no pudo hacer nada para evitar la caída de su arco e impedir lo que hasta ese momento era el empate a tres goles.

Ya en tiempo agregado y con el momento anímico de su lado, los de Coapa se convencieron de que podían ganar el partido, por lo que no dejaron de atacar. A raíz de eso, la fórmula del segundo gol se repitió: Ibarra explotó la parcela derecha, tuvo tiempo y espacio para ver el movimiento de Silvio Romero para mandarle una pelota medida que el Chino conectó de primera intención para mandarla a guardar y así, hacer explotar a la parcialidad azulcrema en el estadio. 3-4 definitivo y una remontada para el recuerdo.