A menos de una semana de que inicie el Clausura 2026, el ambiente en el Nido de Coapa ha pasado de la calma al absoluto caos administrativo. Mientras la afición aguarda con desesperación el anuncio del primer refuerzo, la directiva trabaja a marchas forzadas en una jugada de ajedrez que nadie vio venir y que dejaría a un peso pesado del vestidor totalmente fuera de la jugada. El tiempo se agota y la urgencia de renovar la plantilla ha obligado a tomar decisiones que dolerán en lo más profundo del americanismo.
La inminente llegada de Rodrigo Dourado, el centrocampista brasileño que André Jardine exigió para blindar la contención, ha desatado un efecto dominó que exige un sacrificio inmediato. Sin plazas de extranjero disponibles, la cúpula azulcrema ha tenido que señalar a un culpable para liberar el espacio necesario. Lo que parecía una gestión de rutina se ha convertido en un polvorín interno que pone en evidencia las grietas en la planeación deportiva de cara al debut en el torneo.
América inicia el proceso de baja de Lichnovsky
De acuerdo con información revelada por el diario Récord, la directiva del Club América ya inició formalmente el proceso para dar de baja a Igor Lichnovsky de la lista de inscritos en la Liga MX. El central chileno, pieza clave en la época dorada reciente, es el elegido para ceder su puesto a Dourado. Sin embargo, lo que debería ser una salida elegante se ha transformado en un conflicto de intereses, ya que el alto salario del andino ha espantado a posibles compradores tanto en México como en Sudamérica.
Ante la negativa del propio Igor a abandonar la institución debido a que ningún otro club iguala sus percepciones económicas, el defensor corre el riesgo de vivir una “muerte deportiva” similar a la de Javairo Dilrosun el torneo pasado. Si Lichnovsky se mantiene firme en su postura de no salir, el América lo dejará sin registro, obligándolo a pasar seis meses en la congeladora mientras sigue cobrando uno de los sueldos más desorbitantes del futbol mexicano sin disputar un solo minuto de juego.
Esta situación exhibe una crisis de gestión en las salidas de Coapa que resulta alarmante. El americanismo observa con incredulidad cómo el presupuesto se drena en salarios de futbolistas que ni siquiera son considerados para la cancha, mientras el equipo batalla para cerrar refuerzos. Borrar a Lichnovsky es la única vía para que el esquema de Jardine funcione, pero el costo operativo y la tensión en el vestidor podrían pasar una factura muy cara en un torneo donde el margen de error es inexistente.
