La espera fue larga, pero el momento que todo el americanismo ansiaba finalmente llegó. Raphael Veiga, el flamante refuerzo proveniente de Palmeiras, tuvo sus primeros minutos oficiales con la camiseta azulcrema. André Jardine, consciente del reto que implica la altura de la Ciudad de México, decidió llevarlo con calma, pero la jerarquía del brasileño no necesita de adaptaciones lentas para hacerse notar.
No fue un debut cualquiera. En cuanto pisó el césped, la energía del equipo cambió. La afición esperaba ver destellos de esa zurda educada que conquistó Sudamérica, y Veiga no tardó en responder. Lo que hizo en su primera intervención importante estuvo a punto de convertirse en la imagen de la jornada y en la confirmación de que este fichaje va en serio.
Veiga se quedó a centímetros de su primer gol
Raphael Veiga ingresó al terreno de juego al minuto 67, sustituyendo a Erick Sánchez, con la misión de darle claridad al ataque en un partido trabado. Apenas cinco minutos después, el “23” de las Águilas pidió el balón y se inventó una jugada de la nada. Sacó un disparo cruzado, potente y con veneno, que llevaba etiqueta de gol pegado al poste.
El grito de gol se ahogó en la garganta de miles. Luis Cárdenas, arquero de Rayados, tuvo que volar para realizar una de las atajadas más espectaculares de la noche. Fue una intervención milagrosa que evitó lo que habría sido el estreno soñado del brasileño en suelo mexicano, negándole el 2-0 a las Águilas por cuestión de centímetros.
Aunque el balón no entró, el mensaje fue claro: Raphael Veiga tiene un guante en el pie. Esas primeras “gotas de talento” bastaron para ilusionar a la grada y dejar en claro que, una vez adaptado al cien por ciento, será el director de orquesta quien marque la diferencia en el esquema de Jardine para buscar el título.
