El momento más esperado de la semana en el futbol mexicano llegó la noche de este sábado en la cancha del Estadio Azteca. América recibió a los Tigres de un Miguel Herrera que se reencontraría con un americanismo dividido entre los que se entregaron a él en aplausos y los que decidieron abuchearlo en cuanto puso un pie en el terreno de juego.

Fueron instantes de expectación previos a que rodara la pelota en los que el Piojo se saludó con toda la banca crema, con Santiago Solari y algunos jugadores que dentro de la cancha se acercaron a estrechar su mano. Hasta ahí, todo fue cordialidad, después vinieron las hostilidades de un partido intenso y bien jugado por diferentes momentos.

 

Solari hizo pocas modificaciones en consideración de que el jueves siguiente tiene la Final de la Concachampions ante Monterrey. El Indiecito mandó de inicio a la mayoría de sus titulares, solamente Jesús López fue la novedad, mientras que Jordan Silva jugaba en lugar de lesionado Bruno Valdez.

Las primeras de peligro fueron para los azulcremas. Sebastián Córdova se perdió la más clara con un cabezazo dentro del área en el cual nadie lo marcaba y tenía toda la ventaja. Salvador Reyes le puso una pelota más que a modo para que el 10 americanista rompiera el cero, pero mandó su remate por un costado.

 

 

Del otro lado, Guillermo Ochoa fue exigido al máximo en un par de ocasiones; primero con un tiro de larda distancia de Javier Aquino que amenazaba con colarse al ángulo, pero Memo lo evitó con una gran estirada. Minutos más tarde, Gignac remató dentro del área, cerca del meta crema, quien tuvo que hacer gala de reflejos para atajar.

En medio de todo el trámite del juego vinieron las malas noticias para América. Pedro Aquino tuvo que salir de cambio por una lesión muscular que, a juzgar por el semblante del peruano, puede ser de consideración, por lo que está en riesgo de perderse la definición por el título de la Concacaf Liga de Campeones.

 

 

Para el complemento fue América el equipo que salió con un tanto más de intensidad y decisión. En ese tenor, encontró su recompensa con el gol que abrió el marcador. La jugada nació de un trazo largo de Miguel Layún al corazón del área, justo al movimiento de un Henry Martín que sobre la marcha definió de aire y venció a Nahuel Guzmán.

 

 

Pese a que la desventaja llevaba a Tigres a buscar el empate, era América el que creaba las ocasiones necesarias para liquidar el duelo, pero no conseguía hacerlo. La más clara la tuvo Fernando Madrigal en un centro donde Guzmán y su zaga no se hablaron, nadie pudo cortar esa bola y el mediocampista crema, con el arco abierto, no le pudo dar el pase a la red.