La historia de América está llena de logros y hazañas en lo deportivo. Sin embargo, también ha pasado por momentos oscuros en los que los campeonatos tardaron en llegar e incluso, alcanzar la Final parecía una misión imposible en Coapa toda vez que durante 13 años desfilaron técnicos, jugadores y directivos sin que los objetivos se alcanzaran.

Fue en el torneo Verano 2002 cuando la maldición se rompió. Con Manuel Lapuente en el banquillo y jugadores de la calidad de Adolfo Ríos, Ricardo Rojas, Duilio Davino, Pavel Pardo, Iván Zamorano y un inspirado Christian Patiño -quien tuvo una temporada formidable- los Millonetas se instalaban en la Semifinal para enfrentar a Pumas en busca de librar esa aduana que en tantas temporadas anteriores no pudieron pasar.

El partido de Ida de aquella serie se jugó en el Estadio Azteca y todo terminó en un 0-0 que dejaba la moneda en el aire para el encuentro definitivo a celebrarse en el Estadio Olímpico Universitario la tarde del domingo 18 de mayo del 2002 ante un escenario pletórico, abarrotado por parte de las dos parcialidades.

 

En medio de la semana del Clásico Capitalino, en Águilas Monumental / Bolavip recordamos uno de los capítulos más significativos en la historia de esta rivalidad y para hacerlo, platicamos con Christian Patiño, quien fue el héroe al convertir el tanto del triunfo americanista, el cual también representó regresar a una Final luego de una década de no hacerlo. La maldición terminaba justo donde empezó: en el Pedregal.

 

 

“Ese partido es muy grato para mi persona porque veníamos de estar en unos Cuartos de Final contra La Piedad, equipo con el que un año atrás ascendí desde la Primera A y de ahí venía motivado por la parte de haber metido dos goles en esa serie, además estaba enrachado en la parte de la Copa Libertadores. El primer partido la mayoría no lo jugamos porque nos descansó Lapuente, fue en casa y se empató 0-0. Ya en CU, Lapuente metió toda la carne al asador y Miguel España marcó un autogol empezando casi el partido, después el juego se trabó, hubo llegadas y fallas de los dos equipos. Lapuente y Hugo Sánchez eran dos estrategas bien planteados con sus equipos y era un grato partido, una excelente Semifinal. Nos empató Karucha (Muller) con un gol de cabeza y todo el estadio se cayó porque Pumas con el empate pasaba, toda la afición puma estaba más que feliz por verse en la Final. Faltando como 15 o 18 minutos, me tocó hacer el 2-1. Imagínate lo que fue meter ese gol, mucha gente a lo mejor no lo entiende hasta que pisa una cancha de futbol. Para uno es muy grato haber logrado esa parte donde faltando tan poco, callar a todo un estadio con una gran afición como la de Pumas, meter ese gol y llevar a una Final a América después de tanto tiempo que no estaba es un gran recuerdo futbolísticamente hablando, relató el ex delantero crema.

Hoy, a más de 19 años de que se celebrara ese cotejo, Patiño lo tiene presente como uno de los encuentros más emocionantes que le tocó vivir. La adrenalina que experimentó contra los auriazules en esa serie lo llevó a pelear cada una de las pelotas durante los 90 minutos para que al final, vieran cristalizado el sueño de instalarse en la antesala del título.

“La verdad, bastante (tenso el juego). Es uno de los partidos más emotivos que me tocó jugar. Al final, la adrenalina siempre está, para un jugador es diferente que para un aficionado. Cuando estás adentro tienes la intensidad de querer hacer las cosas, de seguir luchando, buscar las pelotas que son inalcanzables, jugar el orgullo y la dignidad deportiva, luchar por tu camiseta. Ambas escuadras estaban peleando de la misma manera, todos luchaban por lograr el triunfo. Me tocó a mí ser el autor de ese 2-1, pero el equipo lo trabajó y lo luchó para estar ahí. No digo que Pumas no, pero al final tuvimos más suerte nosotros ese día”, sentenció.

Sin lugar a dudas, uno de los partidos más recordados por el americanismo contra la Universidad tuvo a Christian Patiño como figura estelar. El boleto a la Final estuvo sellado con el número 27, quien más adelante volvería hacerse presente en los goles del título. Un semestre inolvidable para el ex jugador milloneta.